¿Las drogas como proyecto de vida?

 

 

Fuente:http://www.ciudadnueva.org.ar/revista/535/sociedad/las-drogas-como-proyecto-de-vida
Por:  Virginia Bonard (Buenos Aires)


La ley Nº 23.737, que regula el consumo y tenencia de drogas es motivo de varios proyectos modificatorios que buscan, de mínima, tratar la cuestión de la despenalización y, de máxima, incluir la legalización. Cómo sigue el tratamiento de la ley. Qué nos pasa como sociedad.

Al cierre de esta nota, varios proyectos de despenalización de consumo y tenencia de drogas están siendo estudiados en la Comisión de Adicciones de la Cámara de Diputados de la Nación. Aunque el debate arrancó acelerado, transcurrimos tiempos de análisis, confrontación de argumentaciones junto con la recepción de objeciones y aportes en la búsqueda de un mayor consenso social y una mayor comprensión del tema por parte de la sociedad.

Estos proyectos de ley construyen una cuña grande que divide aguas y muestra a figuras públicas con posiciones antagónicas. Al mismo tiempo participan del debate organizaciones cannábicas ultra-pro-despenalización y agrupaciones de madres y padres, que han visto morir a sus hijos víctimas del consumo, que se movilizan activamente en contra de la despenalización. También escuchamos al arco político nacional con voces que sobresalen por sobre otras en virtud de su notoriedad, prestigio, cargo o trayectoria, manifestándose a favor y en contra, incluso algunos anunciando la llegada de nuevos paradigmas para la vida.

No estamos en Amsterdam
La pobreza es el gran factor que se agiganta cuando se plantea en estos contextos el libre consumo y tenencia de drogas. Donde pareciera que lo que se está pidiendo es una flexibilización cultural sumada a una tolerancia social de estas conductas, imaginar siquiera pobreza más droga ya suena, como poco, a destino trágico, sueños truncos, soledad y vacío. Y si le agregamos el condimento ineludible del delito/narcotráfico para adquirir las sustancias, estamos cada vez más cerca de la muerte.

Es bastante evidente que la sociedad argentina no está lista para digerir que de un día para otro se pueda fumar un porro, se lo compre libremente y que todo sea lo mismo que ayer. Ni hablar de otras sustancias que comprometen algo de intimidad en su consumo personal.

Los casos de Holanda y Portugal han sido expuestos como paradigmáticos. Lo que recién ahora comenzamos a distinguir es que en el país no vamos a tener dónde atender a los adictos, ya que nuestra salud pública tiene una deuda pendiente enorme con ellos: en ningún hospital público del país hay dónde internar a un adicto.
Dónde va la gente que no sueña

El eje receptor y generador de toda ley es la persona humana. Algunos la piensan, otros la implementan, todos debemos cumplirla. Esta ley, ¿servirá para los jóvenes de clase media que buscarán un poco de peligrosa diversión en la marihuana o la cocaína, un sábado a la noche y entre amigos? ¿También regirá para los pibes de 13 años, que parecen de 9 porque ya su mamá se había alimentado mal antes y durante el embarazo? ¿El mismo pibe que desde que nació comió lo que pudo en su entorno suburbano, sin educación y sin más expectativas que andar mendigando unas pocas monedas, con su gran hermano paco como amigo incondicional?

Quienes están construyendo el andamiaje legal del cual van a poder asirse –en el sentido de estar contenidos en abrazo social con comprensión integral– tanto unos como otros, seguramente estén contemplando tan diferentes realidades, tan laxas y descarnadas a la vez en su complejidad. La ausencia de horizontes de los adictos hacia los cuales andar la vida con esperanza se alza como un tópico que no debería eludirse al evaluar esta cuestión.

Lo que se viene   
Los proyectos de ley han dado una vuelta superadora a sus propuestas después de las tres jornadas en las que los representantes de organizaciones relacionadas con la temática expusieron sus fundamentos: son más abarcativos, contemplan la inserción laboral de los adictos recuperados y la construcción de una red de salud desde el Estado que reciba a los enfermos, les dé cobertura médica y contención psicosocial, tanto para ellos mismos como para su entorno afectivo.

Luego del receso invernal, la Comisión de Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico junto con la Comisión de Legislación Penal tratarán el Programa Nacional de Educación y Prevención sobre el consumo de drogas que se propone: llegar al sector vulnerable de la sociedad: barrios de emergencia y villas; crear puntos de contacto con información acerca de los centros de salud tanto públicos como privados donde atender adicciones; generar un registro de efectores públicos y privados donde hacer un relevamiento de todos los centros existentes hoy en día en el país; controlar estos centros en cuanto a la calidad de la atención por parte del Estado; incorporar el modelo de reducción de daños (aquellas acciones tendientes a mejorar la calidad de vida de las personas que padecen adicciones relacionadas con las drogas); crear centros barriales (que contemplen: involucramiento, la deshabituación, la reinserción social), según la intensidad de la problemática que manifieste el consumidor de drogas; incorporar al mercado laboral a personas egresadas de comunidades terapéuticas.

Con los reparos y cuidados para no criminalizar al adicto, toda prevención ante la adicción se intuye poca. Como sociedad no podemos acelerar procesos sociales, y reinventar miradas y actitudes sobre esos mismos procesos. Será que el adicto reúne en sí vulnerabilidad y juventud. Atributos que pueden llevarnos a territorios habitados por seres sin sueños ni cielo. O hacia personas que vivan en lugares de sensibilidad, proyectos y esperanza.

Los hospitales públicos
“No es fácil acceder a un tratamiento en un hospital público. Deambular acompañando a las madres y a sus hijos adictos en busca de ayuda es angustiante. Las consultas son variadas porque el problema de esta patología es que tiene múltiples blancos que demandan de atención multidisciplinaria. Ante la ausencia de un programa nacional de asistencia, las soluciones se reciben fragmentadas, después de peregrinar por los pasillos o por suplicar, más que por justicia. Nadie asume al paciente en forma integral, se le da un tratamiento en parches y, casi como en un relato de ciencia ficción, la reclusión social sí es bien clara”.

Dardo Caraballo,
Médico gastroenterólogo

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